Era obvio que los grandes eventos, que suponen gastos innecesarios, tenían que ser exterminados por el hombre que ha asumido el marronismo como herencia, Alberto Fabra, presidente de la Generalitat.
En su iter criminis, el castellonense de apellido imputable, se ha topado con el rompetechos de las carreras. Con él y con el contrato maldito, firmado in extremis por su predecesor en el cargo, Francisco Camps Ortiz.
Complicado parece que se rompa esa relación contractual. Y si no se alcanza un acuerdo, digo yo, ¿Por qué no lo intentamos aprovechar?
En este época de recortes, de cultura del miedo, de desazón, creo que es el momento de sacar partido a lo que tenemos.
Tenemos la F1, pues saquemos rendimiento de ella. No hemos sabido rentabilizarla. Para empezar, porque se la dimos a unos gestores incompetentes. Para acabar, porque nos creímos que podíamos sacar tajada a lo bestia. Sin cerebro.
Ya que te la comes, digiérala usted mejor. Reúna a los hosteleros y hoteleros de la ciudad. Dígales que un turista que se gasta 120 euros en una entrada, y otros 150 en un viaje low cost (a Valencia pocas aerolíneas comerciales normales vienen) no se le pueden pedir 600 euros en un hotel como el Valencia Palace por una noche. Ajusten precios, hagan ofertas atractivas. No cobren por dos cervezas y unas papas, 14 euros.
Esto no es Mónaco. Al Principado va gente de poderío y nivel. Este no es nuestro público. Pero es que además, tenemos factores que juegan a nuestro favor. Una playa gigante al lado del circuito. Intégrala. Coloca pantallas gigantes. Negocia eso con el enano y con la alcaldesa de Valencia.
Y con el consorcio o con quien corresponda, baja los precios de los amarres. Que cuando vayas por Europa, los comerciales de la empresa que lo gestione ofrezcan precios irresistibles para los amantes de la naútica y de las cuatro ruedas.
En definitiva, coja usted las riendas y haga una gestión del ocio como toca. Es una de nuestras armas. El turismo. Ya lo sabe de sobra. Siga recortando, lo entiendo (aunque sólo a veces) y lo pago, como todos los mortales que no tuvieron la culpa de los desmanes de sus correlegionarios, pero haga algo de provecho.
Siempre es o todo o nada. La codicia llevada a la máxima expresión de la sinrazón económica. El término medio no existe, es ahí donde está el secreto: en no perder no haciendo perder a nadie.
La celebración de eventos de repercusión mundial es uno de los escaparates que una ciudad como Valencia puede utilizar como lanzadera de su imagen y transformación en una ciudad “turística “.Cualquier gasto debe ser considerado como inversión.Que sea la administración la que se haga cargo de dicha inversión, es lo discutible.Sin embargo si sobre la “piel de toro” marcamos las inversiones de las administraciones en JJOO,EXPOS, XACOBEOS,Juegos del Mediterráneo, etc, veremos que pocas y pequeñas chinchetas sobresalen en el LEVANTE FELIZ.El rompetechos canoso y sabio nos dejó el slogan publicitario ” la joya mejor escondida del mediterráneo “. Ahora toca que convirtamos a los poblados marítimos en la orgullosa venus que porte dicha joya,Cabañal, Nazaret, Malvarosa, Beteró, El Grao e inclusive la Patacona deben ser nuestro Ipanema, Venice Beach, Malibu, Miami south beach o La Concha.Si, sufriremos una perdida de patrimonio histórico, pero a riesgo de asemejarme a mi admirado V. Forster , pienso que si todo aquel que hubiera tenido un SEAT 600 no lo hubiera cambiado,tendríamos un parque movil ciertamente histórico.En definitiva, hace falta un impulsor, un arriesgado empresario que empiece a mover y una administración que como los árbitros, lo mejor es que pase desapercebida.AMUNT VALENCIA!!!!!!!!!!
Sí, lo fácil es decir sí o no a la fórmula 1. Lo difícil -y útil- es actuar como propone Forés.
Ñoras, ñores: cojamos al cerdo por el rabo. Aquí lo que hace falta es un buen abogado que se cargue el contratito ese que dicen que firmó -con el enano imitador a Warhol- quien dicen puede ser el próximo embajador español del Vaticano (de forma que pueda amortizar cierto chaleco blanco que le regala… digo que se compró). Sólo pido que no sea el abogado que acusaba a don Paco Campx. ¡Amunt el sueldo del Rato!